La Templanza

No tengo control de tus palabras, pero sí tengo el control de mis respuestas.

La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales, junto con la prudencia, la justicia y la fortaleza o coraje.

Si bien para el catolicismo la templanza se vincula con la abnegación ante los deseos y placeres terrenales, el concepto filosofico es presedente a la manipulación religiosa, para los antiguos griegos, se refieren a la capacidad de mantener la calma y el equilibrio ante cualquier situación.

El individuo templado es moderado en sus decisiones y conductas, transmite serenidad y centratura a su entorno, tomándose el debido tiempo de reflexionar antes de actuar. 

La cultura actual es básicamente una cultura de la reacción inmediata, es una cultura histérica, entendida no como trastorno, sino como sesgo. Histérica es aquella condición donde la emoción predomina por sobre la razón, donde no existe el tiempo para la reflexión y la toma de consciencia.

En parte es el resultado de la conocida “Doctrina del Shock” donde la existencia es una sumatoria de emergencias que se intersecan sin solución de continuidad, permitiendo a quien genera dichas “emergencias” de proceder con su programa y en última instancia “gobernar” aplicando a su vez la bien conocida técnica del “Problema-Reacción-Solución”.

Es el momento de volver a centrarnos en nosotros mismos.

Uno de los conceptos que dio origen al Renacimiento Italiano fue la idea de considerar al ser humano como la medida de todas las cosas, como la medida del universo, donde todo está presente en nosotros y donde somos un microcosmos idéntico y reflejo del macrocosmos.

El Humanismo, como filosofía fundamental de esta valorización del ser humano, centró la creación en el Homo como fuente, origen, destino y sede de la existencia. Este principio impulsó la exploración de todos los ámbitos del saber. Sin embargo, para contrastar el Humanismo, en los siglos siguientes surgió una concepción casi opuesta: el Iluminismo, que sentó las bases de la filosofía Positivista. Este movimiento se caracterizó por desplazar al ser humano de su pedestal y poner en su lugar a la razón absoluta, la cual, para ser absoluta, debía carecer de toda característica humana.

Hoy en día, hemos llegado a la cúspide de esta ideología y estamos viviendo sus últimas consecuencias. Esta adoración irracional de la razón absoluta ha dado origen a un mundo que pretende ser un reflejo desenfocado del mundo real. Es un mundo esencialmente muerto pero lleno de Golems, seres animados sin alma, donde todo es artificial. Un mundo donde hay cada vez menos espacio para el ser vivo, y donde todo lo que nos hace humanos es rechazado y denigrado, casi como si fuera una enfermedad.

Tras siglos de perfeccionar la técnica para que sirva a la irracional razón absoluta, estamos al borde de crear una pseudo-inteligencia artificial y de pseudo-trascender al Homo biológico con el transhumanismo. Desde hace décadas, observamos la robotización de la mayoría, obligada a trabajar en un ciclo infinito de repetición de acciones que se alimentan mutuamente en un ciclo cerrado de: esfuerzo – consumo – necesidad – carencia – vicio. Esto ha desvalorizado y anulado la esencia del ser humano vivo, impidiéndole encontrar y desarrollar el verdadero motivo, sentido y razón de su existencia en este plano.

Ahora, el ciclo llega a su fin. La última acción es un intento desesperado de transformar a cada individuo en parte de una mente colectiva, una mente colmena, una entidad ficticia que no es concebible en la realidad, compuesta de seres sin consciencia individual, partes “eficientes” de una masa informe. Sin embargo, las energías parasitarias que hasta ahora han sostenido este estado de cosas están hoy en jaque por la acción de su propio juego, y pronto desaparecerán por completo.

Es el momento de unirnos para crear un Nuevo Humanismo, un Nuevo Paradigma, donde el ser humano vivo, natural, consciente y soberano sea la medida del universo. Donde el Ser natural sea reconocido como el creador de valor y sea él mismo la fuente de valor. Donde la cooperación sea la base de la sociedad, y todos formemos redes de interacción individual. Finalmente, sabremos que somos el creador y que el creador esta en nosotros, y donde la esencia encarnada sea libre.

Ser los creadores consciente de la realidad

Para ser los creadores conscientes de la realidad, es nuestra responsabilidad individual comenzar a desarrollar nuestro entendimiento del plano existencial que estamos experimentando. Existen distintos caminos que podemos recorrer, todos igualmente válidos y útiles. Lo fundamental es no creer que existe una solución general que responde a todas las necesidades, y aunque debemos profundizar en todas las temáticas, nunca debemos perder la visión y el entendimiento de que todos los aspectos están relacionados entre sí.

Es importante observar que hasta ahora todo lo que existe se debe a nuestra propia responsabilidad; no son “otros” o “ellos” quienes lo crearon, sino nosotros mismos. Aunque es cierto que el estado actual de las cosas es una creación hecha de manera inconsciente y, de algún modo, es una creación inducida.

Es fundamental saber que quienes inducen esta creación no tienen nuestra capacidad creadora, pero se aprovechan de ella mediante el engaño para crear un mundo favorable a sus propias necesidades, lo cual es naturalmente perjudicial para nosotros. Por eso es crucial desarrollar una clave de lectura de la realidad que nos permita, por un lado, limpiarnos de estos esquemas de creación inducida y, por otro, reconocer en nosotros mismos esta capacidad creadora, actuándola de forma absolutamente consciente y con pleno entendimiento y equidad.

Fases del despertar

Hasta ahora, uno de los típicos slogans de los sistemas de autoayuda y superación personal se ejemplifica en frases como: “Sigue tus sueños” o “Esta es la vida/país/trabajo/etc. de mis sueños”. Sin embargo, surge una pregunta respecto a esta programación: ¿Para soñar no debemos estar dormidos?

Nadie niega las virtudes de la visualización, pero el estado desde donde se origina esta visualización no es la consciencia, sino más bien un estado de incapacidad y desamparo que favorece el estar dormidos. Ahora es el momento de despertar y tomar un rol activo, consciente e intencional en todos nuestros actos. Para lograrlo, debemos dejar a un lado la inercia del sueño y activar todas nuestras facultades y capacidades, descubrir nuevos talentos y tomar contacto con nuestra verdadera esencia.

Existen diferentes fases que nos permiten llegar al tan deseado despertar. Sin embargo, es importante advertir que este despertar no puede ser inducido desde el exterior; debe ser una necesidad profunda e individual. Por este motivo, ninguno de nosotros puede despertar a alguien que no esté ya intuitivamente encaminado en esa dirección. La capacidad de despertar es individual y cada uno tiene sus tiempos y procesos que seguir.

Nuestro único objetivo, una vez que tomamos consciencia y adquirimos una porción de esta información, es transmitirla y vehicular la información que permite expresar nuestra verdadera esencia en el momento oportuno, y eventualmente transferirla a otros que estén listos para recibirla. No existen salvadores, benefactores de la humanidad, filántropos, hermanos mayores o ascendidos, comandantes galácticos, entidades canalizadas, mesías o avatares que puedan darnos este despertar. Solo nosotros mismos podemos ser nuestra propia guía, seguir nuestra propia intuición y desarrollar nuestra conexión con la eterna esencia que habita y anima este cuerpo material, el vehículo que elegimos para vivir las experiencias en este plano.