Calendario, medida del tiempo y ciclos naturales

Introducción

El calendario es ese instrumento aparentemente inocuo y útil para poder recordar fechas y acontecimientos en un orden cronologico. También es útil para programar y organizar nuestro tiempo, nuestros objetivos y tener una visión amplia del momento que estamos ocupando en el presente. Nos permite de recordar el pasado y proyectarnos hacia el futuro, y creemos ser nosotros los padrones de las fechas, días, meses y años. El calendario es regular, confiable, estable, calma la mente y nos libera de calcular y descubrir con un constante esfuerzo el correr de lo ciclos y las estaciones. Pero si en cambio yo pudiera exponer que sus aparentes virtudes esconden un sistema de control, deshumanización y hasta disociación con la realidad, que es él, quien nos impone un ritmo artificial y que no está en resonancia con nuestra propia naturaleza de seres vivos. ¿Que pasaría? Para descubrirlo solo hace falta proseguir con la lectura, recordando que una vez que se accede a la puerta del conocimiento, el libre pensamiento y la búsqueda de la verdad, no se puede volver atrás, en ese sentido el acceso a este recorrido es inexorable, como el tiempo mismo y se expande hacia una sola dirección, delante nuestro. 

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Etimología de calendario 

La palabra “Calendario” deriva del latín calendarium, que era como los romanos nombraban al “libro de cuentas”. Calendarium viene de Kalendae o sea calendas (Primer día del mes) y era cuando se tenían que pagar las cuentas derivado a su vez de calare, o sea “anunciar”, “gritar” o “llamar”, que era lo que hacían quienes venían a cobrar. Calare viene a su vez del indoeuropeo Kel, que es la raíz de palabras como: clamor, declarar, exclamar, clase, proclamar, reclamar e incluso llamar (en italiano “chiamare” donde se mantiene más cercano el sonido “K”). Es interesante notar que los griegos no medían el tiempo en ‘calendas’, de ahí que los romanos tenían un dicho “Ad kalendas grecas” (“para calendas griegas”, o sea “nunca” esperaban al cobrador).

Esto nos lleva a la primer reflexión del tema, que como siempre está presente el engaño lingüístico que venimos observando desde que nos ocupamos del tema, si calendario deriva de calendas, o sea libro de cuentas o libro de deudas todo el mecanismo de regulación y medida del tiempo “civil” se basa en que aceptemos estar en deuda, o sea, se impuso de forma egregórica, que el calendarium fuera percibido como un registro comercial donde se inscribían las deudas, plazos de pago e intereses que se declaraban generalmente el primer día del mes. Esta memoria así constituida sigue presente hoy y solo observando el hechizo podemos definitivamente invalidarla y anularla. 

Campo morfogenético y memoria colectiva

Hagamos un brevísimo excursus pobre como se programan memorias transgeneracionales. Sabemos que la “ciencia moderna” estudió los aspectos químicos de la transferencia de información biologica a través de los cromosomas que contienen con aminoácidos conocidos como genes que corresponden a los cuatro componentes básicos del ADN los nucleótidos: adenina (A), timina (T), guanina (G) y citosina (C). Lo que fue menos estudiado y no suficientemente profundizado es la transferencia electromagnética de la información, completamente demostrado por Rupert Sheldrake descubridor de los campos morfogenéticos, principio que resumiremos con esta frase: “Los campos mórficos de cada sistema ejercen su influencia en los sistemas posteriores a través de un proceso llamada resonancia mórfica. La resonancia mórfica identifica la idea según la cual cada individuo hace parte de una especie aprovecha la memoria colectiva de la especie, o el campo mórfico de la especie, y sí se sintoniza con sus miembros anteriores, contribuyendo a su vez al mayor desarrollo de la especie misma”.

Quien conoce desde hace milenios estos principios, sabe que los puede aprovechar para su beneficio y eso generalmente no constituye un mayor desarrollo para la especie misma, como la ingenua hipótesis de Sheldrake. Veamos como utilizando las Leyes naturales se usó el calendario/calendas para crear un “sigilo” de deuda y culpa y subsiguientemente se disocio al Homo de su relación directa y perceptiva con la naturaleza a través del mismo instrumento.

El falso valor de la precisión y los ciclos naturales

Antes de proceder debemos desmitificar otro supuesto beneficio del calendario/calendas actual que es la precisión se considera mucho más preciso que el calendario Juliano, que era el que se utilizaba en Europa hasta la imposición del calendario/calendas Gregoriano. ¿Que es lo importante para nosotros? No la precisión matemática, abstracta y disociada de la realidad, más bien, en cuanto seres biológicos, que nuestra medida del tiempo refleje y coincida con momentos específicos de las fases cíclicas que se cumplen en el plano terrestre, existen ciclos externos que indudablemente afectan nuestra percepción, estados de ánimo, energía y ritmos internos, el hecho de estar actualmente desconectados con el plano de existencia no significa que esos ciclos externos no nos afecten, más bien no sabemos hasta que punto muchos malestares modernos tienen su origen en esta misma falta de percepción.

El sistema del calendario civil de derivación astronómica se utiliza para organizar y coordinar las actividades humanas y originalmente fue destinado a marcar los períodos de trabajo en la agricultura, un sistema estacional que agrupaba los períodos sobresalientes del año y que encontró en el Año Nuevo, como el comienzo de uno nuevo ciclo, el momento representativo astronómico y sacro, la primera subdivisión temporal a gran escala. Estos primeros calendarios obviamente surgieron de las observaciones del cielo, calculando los períodos según líneas dibujadas sobre soportes, catálogos arcaicos más que calendarios, de los que sólo quedan débiles testimonios, como el grafiti de Cuma, y que la arqueoastronomía busca interpretar.

 

Parapegma del griego «παραπηγμα» (parapēgma); de «παρα» (para) al lado del antiguo y «πηγνυω» (pēgnuó) que significa fijar, o sea fijar lo antiguo. Instrumento de tipo astronómico que se empleaba por lo general en conocer el trayecto del oriente y el ocaso en cada planeta o astro además de relacionar eventos astronómicos, como la salida helíaca y la puesta de una estrella fija o solsticios/equinoccios, con condiciones meteorológicas asociadas o causadas por ellos.

Otros tipos de calendarios destinados a la navegación naval y aérea o en particular a la astronomía donde más allá de los días del año son reportadas posiciones, alturas, esplendores (magnitudes), tiempos de salida y puesta del sol, tránsitos de cuerpos celestes y otros datos

de relevancia astronómica, toman el nombre de “almanaques”, y tienen sus antecesores más inmediatos en el “parapegma”. También existen otros tipos de calendarios como los agrícolas y litúrgicos que si bien se refieren a los fenómenos astronómicos, los consideran en función de las actividades agrícolas a realizar o fiestas sagradas a cumplir.

Volviendo a la necesidad de estructurar una medida del tiempo ciclico el problema podría resolverse considerando como prioritario que el objeto principal que regula la vida cotidiana es el Sol que, con su salida y puesta, marca la repetición de los acontecimientos. Sin embargo, la estrella no puede proporcionar ninguna periodicidad significativa más allá de la diaria, y la sucesión de las constelaciones denota sin duda una periodicidad a muy largo plazo. Los antiguos encontraron más práctico tomar como referencia a la Luna que con sus fases representa un método inmediato e ideal de medir y subdividir períodos en referencias precisas.

Al final de cada ciclo nuestro la Luna regresa a la misma posición (estaciones lunares) aproximadamente cada 27 días, completando el llamado mes sideral porque se cuenta precisamente en relación con las estrellas; mientras que en unos 29,5 días completa un ciclo completo de sus fases, el llamado mes sinódico. De estos números se desarrollaron los primeros calendarios compuestos por meses de 30 y 27 días que contenían, según las costumbres locales, periodos más cortos como por ejemplo la “semana de los Incas”, dividida en tres periodos de nueve días dados por la fácil división de 27 por 9.

Debido a una serie de causas físicas relacionadas con el movimiento de la Luna las oscilaciones de este cuerpo provocan variaciones en su movimiento, y el mes sinódico no tiene una duración constante sino que presenta una variación significativa respecto al mes anómalo (tiempo necesario para que la Luna vuelva al perigeo), variaciones que conducen a diferencias entre lunaciones reales y calendáricas en función del mes sinódico medio. Con el concepto que es necesario que exista una media que homogeneiza el moto lunar se crea una discrepancia entre el movimiento real y su representación en el calendario, se puede observar así la primera disociación con la realidad, por más que definamos un moto lunar medio, la naturaleza no sigue las reglas aleatorias creadas por el hombre.

Los antiguos en realidad no estaban tan interesados en mantener un computo temporal regular, observaban la naturaleza, comprendían sus reglas y se predisponían a actuar en armonía con ellas. Entre otras cosas se observaron que los ciclos de las mareas coincidían con las fases lunares así como los ciclos menstruales femeninos, la observación de la relación entre las fases lunares, las aguas y los líquidos internos al cuerpo son la base para los ayunos, la alimentación sólida, líquida y los periodos de meditación recomendados en los conocimientos esotéricos de la antigua india. Actualmente no existe una explicación “científica” exhaustiva para delucidar la relación entre los ciclos lunares y las aguas.

Podemos deducir después de analizar los pocos factores hasta aquí expuestos que no es natural para el Homo vivo generar sistemas de medición de los ciclos temporales que se disocien de la realidad y que no se sincronicen con los ritmos del entorno en el cual el ser expresa su existencia, por el contrario podemos también deducir que los que se arrogaron a lo largo del tiempo el rol de controladores de los individuos reduciéndolos a una multitud de seres subyugados por sus reglas aleatorias están obsesionados con el dominio social y no dudan en utilizar todos los medios a su disposición para obtener sus finalidades, aunque actualmente sabemos que reconocer un engaño es el primer paso para liberarnos de su influencia.

Consideraciones sobre el Calendario Gregoriano

El calendario actual, que es vigente prácticamente en todo el mundo es una herencia de los Romanos, entre muchas otras cosas como ya sabemos. Los romanos aleatoriamente definieron el año 1 a partir de la fundación de Roma ( 1a.U.C o sea ad Urbe Condita ) que corresponde al 753 a.C del Calendario Gregoriano que toma como referencia aleatoria el supuesto nacimiento de Jesus (Yeshua) de Nazaret. En el siglo VI d.C un monje sirio llamado Dionisio el Exiguo, basándose en la Biblia y otros escritos paso mitad de su vida calculando la fecha exacta del nacimiento de Jesus de Nazaret que dedujo haber nacido 754 años desde la fundación de Roma, a este año lo llamó año 1 de la era Cristiana. Este sistema se generalizó en Occidente después del Renacimiento.

Según la versión oficial, la necesidad de un nuevo modelo de calendario respecto al calendario Juliano utilizado en aquella época se debió a que este perdía casi tres días cada cuatro siglos, basados en los estudios científicos realizados por la Universidad de Salamanca entre los años 1515 y 1578. El problema que se expuso durante el Concilio de Trento (1545-1563), motivando la creación de un modelo que corrigiera el acumulado del desfase desde el Concilio de Nicea (325). Esta supuesta pérdida de tiempo es la diferencia entre un calendario basado en los ciclos Lunares y uno basado en los siglos Solares, hoy sabemos que dentro del sistema de comando de la iglesia la adoración neopagana del Sol como figura metafisica fue también parte de la motivación de desarrollar una calendario basado en el dios Sol. Las pruebas que se pueden observar expuestas claramente en la simbología asociada a Jesus de Nazaret y otros mensajes esotéricos en las iglesias por quien tenga conocimiento de simbolismo. Además fue la base conceptual que llevaría a la cosmología Heliocéntrica que dio un giro de tuerca más a la disociación del Hombre con su entorno y con lo observable directamente por los sentidos, aunque este tema requiere una mayor profundización.

Según el calendario actual el Papa Gregorio XIII en el año 1582 promulgó su uso por medio de la bula Inter Gravissima, los primeros principados que comenzaron a utilizar este calendario fueron las regiones itálicas, hispánicas y portuguesas y todas las zonas de influencia de la Iglesia Católica, unos doscientos años después fueron adhiriendo lugares como Alemania, Noruega, Inglaterra, Alaska o Japón. La discrepancia con el calendario juliano es de 0,002%  tiene una longitud media de 365,25 días y el calendario gregoriano de 365,2425 días (cifra correcta). Esta hacía que el calendario juliano perdiera casi tres días cada 400 años y esto afectaba supuestamente la ocurrencia de las estaciones. Al introducir el calendario gregoriano, este margen fue aparentemente corregido, aunque como se fue exponiendo al costo de desconectar al hombre de los ciclos naturales observables.

Este tema de la corrección de un margen de error acumulado cada supuestos 400 años desde el año 325 d.C sirvió como excusa para otra operación, casualmente desarrollada en el mismo periodo, la de definir una cronología propuesta en el siglo XVII, básicamente por los religiosos Joseph Justus Scaliger (1540-1609) y Dionysius Petavius (1583-1652). Es especialmente a partir de entonces que la historia se empieza a escribir en su globalidad. Podemos claramente observar una “singularidad” un momento de inflexión donde colapsan diversos eventos y dónde se aprovecha desde la cúpula de control a hacer un reset de varios aspectos relacionados con la gestión, organización y medición del tiempo.

Este cuestionamiento actualmente fue propuesto por el matemático Anatoly T. Fomenko y sus colaboradores es quienes plantean una revisión más amplia con su propuesta de la “Nueva Cronología” que utiliza el conocimiento de la astronomía y la matemática estadística modernas para la exploración de la estructura cronológica que ordenan la historia global hasta el siglo XVII

y concluye que el eje central de la cronología oficial es el resultado de una manipulación y de numerosos errores acumulados, este trabajo de investigación demuestra que los sistemas de datación comunes se han estructurado en torno a una cronología errónea y que, por tanto, la historia real es diferente a la oficial.

Por este motivo, la “Nueva Cronología” tiene la intención manifiesta entablar un debate que, por su naturaleza, se encuentra en conflicto con las autoridades historiográficas establecidas. De ahí que sus resultados sean el objeto principal de la resistencia de la oficialidad, que se niega a aceptar la lógica una historia alternativa. Donde Jesús es un mito edificado sobre la gloria de un emperador romano en el siglo XII; donde las genealogías de las grandes monarquías y emperadores medievales son una recreación artificial para legitimar su autoridad entre los siglos XVI y XVIII; y donde la historia de los antiguos Egipto, Persia, Fenicia, Grecia y Roma no son tan antiguos y son un reflejo medieval trasladado a tiempos inmemoriales sostener la falacia de un poder, que a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII entró en conflicto.

Como conclusión de lo que hasta ahora se expuso podemos observar una operación global por definir y gestionar la medida del tiempo, disociar al Homo vivo completamente de su entorno e imponer una estructura lo más regular posible, asociada a al Sol no en cuanto unidad de medida de ciclos naturales sino como figura metafísica religiosa que se une al mito del dios Griego Khronos o Saturno para los romanos que impone su presencia inexorable y devora a sus “hijos”. La última fase de esta operación se concluyó en 1884 con la implementación de una “Hora Civil Común” o también conocida como “Hora Legal” (No podía faltar el onmipresente derecho positivo) cuando se introdujo el sistema de zonas horarias que vinculaba la hora de verano de una localidad con la hora media del meridiano central de esa zona. La posterior adopción en 1925 por parte de la Unión Astronómica Internacional del Tiempo Universal (TU) constituye un paso más hacia un tiempo civil globalizado, ya que el TU está basado en el primer meridiano de Greenwich.

En números

  • 365 días: 1 día equivale a 24 horas, es decir: 1440 minutos y 86.400 segundos.
  • 1 semana: equivale 7 días (lunes, martes, miércoles, jueves, sábado, domingo), según ISO8061.
  • 12 meses: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre.
  • Mes con 28 días: febrero (es excepción cuando el año es bisiesto en el que posee 29 días).
  • Meses con 30 días: abril, junio, septiembre y noviembre.
  • Meses con 31 días: enero, marzo, julio, agosto, octubre y diciembre.

Analema Solar – El término analema proviene del griego y etimológicamente significa “pedestal de un reloj de sol”. El analema es la línea imaginaria con forma de “8” o lemniscata que describe el Sol en el cielo si lo observamos a la misma hora solar y desde el mismo lugar durante todos los días del año.

Si lo observamos con sus características fundamentales el Calendario Gregoriano no posee año cero, comienza en el año uno y se cuenta a partir del nacimiento de Jesucristo (Un falso histórico, o si no lo es, no puede ser demostrado real, o sea una fecha aleatoria), tiene un año bisiesto cada cuatro años. Este año bisiesto es el resultado del estudio del tiempo que tarda una analema Solar en cumplirse el cual es de 365, 24219 días, es decir un total de 365 días con 5 horas, 48 minutos y 46 segundos (No existe prueba científica fehaciente que demuestre que es la tierra a girar alrededor del sol y no viceversa, el anatema entonces es una modalidad de observación empírica del moto solar facilmente reproducible en todo el plano terrestre). Estas 5 horas restantes se van acumulando en un lapso de tres años y se cumplen como día completo en el cuarto año (29 de febrero) Las estaciones del año se cumplen siempre en los mismos meses. Al arreglarse el desfase de horas que no podían contabilizarse, las estaciones del año pueden cumplirse en el mismo periodo, o sea no existe una relación valorial o de significado que se asocie los las estaciones del año. El calendario gregoriano es 26 segundos más largo que el año astronómico, lo que implica un día de diferencia cada 3323 años, es decir que el año 4000 y el 8000 no serán años bisiestos para arreglar esta discrepancia.

Del calendario Lunar al calendario Solar

En los orígenes los romanos tenían un calendario Lunar, ya que su unidad de medida básica era el “mes” (Mensis, la terminología primitiva para cada periodo lunar, con su raíz Men, o sea Luna) aunque tenían noción del año solar, según los expertos no sabían medirlo con precisión, a esta altura me inclino a pensar que no estaban interesados en referirse a el como base de la medida del tiempo (Respecto a las capacidades de medición de los astros que poseían los antiguos es importante recordar la Máquina de Antikithera, que aún hoy asombra por su precisión). Su calendario iniciaba el año con el comienzo de las tareas agrícolas (Actualmente Marzo en el hemiplano septentrional) y medía 10 meses lunares, dejando pasar luego un periodo de 55-60 días para ajustarse al siguiente equinoccio de primavera y al ciclo anual del sol. Establecido de esta forma el antiguo calendario romano parece bastante elástico, al mismo tiempo permite una completa observación de los fenómenos cíclicos naturales y una total adherencia para con ellos.

Sucesivamente por influencia Etrusca se añadieron al año dos meses más (La tradición atribuye esta reforma a Numa Pompilio entre el VIII-VII a.C, segundo rey de Roma). El año así constituido tenía 355 días de base Lunar y no se adaptaba al año Solar. Por eso para no retrasarse respecto al ciclo Solar cada 4 años intercalaban un par de meses mas cortos, o cada dos uno, según las épocas. Este tipo de meses se llamaban Mercedonius o Intercalaris. Así se constituyó el año con 12 meses que se nombraron de la siguiente manera:

  • Martius, en honor a Marte, que además de dios de la guerra era primitivamente dios de la vegetación, en este mes empezaban a germinar las semillas de invierno y se comenzaban las campañas militares.
  • Aprilis, provablemente derivado de “aperire” o sea abrir, con referencia a la apertura del follaje vegetal.
  • Maius en honor a Maya, divinidad relacionada con la floración.
  • Iunius, dedicado a Juno, esposa de Jupiter y relacionada con el matrimonio.
  • Quintilis, Sextilis, September, October, November, December, como referencia al orden de los meses durante el año y respectivamente, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo, siendo que el año comenzaba en Marzo , quedaban en esa disposición.
  • Ianuarius, dedicado a Jano, dios de los límites y las fronteras.
  • Februarius, mes de la fiesta de las purificaciones o Februa.

Bastante tiempo después en el 153 a.C se logró modificar el inicio del año de manera aleatoria, sin relación con los ciclos naturales, usando como excusa la anticipación de la elección de la magistratura al primer día de Ianuarius, como podían permanecer solo un año en el cargo el año siguiente el nombramiento debía efectuarse la misma fecha, así por motivos “prácticos” de trasladó el comienzo del año. De esa forma se empezó a constituir un calendario teórico que comenzó a separarse del los ciclos lunares.

De todos modos el calendario no coincidía exactamente con el ciclo Solar, este pequeño desajuste se fue acumulando y en el año 47 a.C el desfase era de 67 días, por lo tanto ninguna fiesta se celebraba en la estación que correspondía. La solución la desarrolló Julio Cesar, con la ayuda del astrónomo Sosigenes de Alejandría emprendiendo una reforma que adaptó la duración del calendario Solar al calendario tradicional romano, variando la duración de los meses para sincronizarlos a una año exacto de 356 días con un día más cada 4 años. Esta duración la habían establecido los sabios de Alejandría de Egipto. Así se estableció arbitrariamente que Enero iniciaba con 31 días y se fueran alternando hasta fin de año meses de 30 y de 31 días con excepción de Febrero que quedó con 29. De acuerdo al ciclo solar se intercalaba un día más cada 4 años entre el 24 y el 25 de Febrero, se llamaba bis dies sextos ante Kalendas Martias, de ahí que llamemos al año con un día mas bisiestos, el Febrero bisiesto tenía 30 días. Todos estos cambios fueron disociando cada vez más el calendario con ciclos Lunares a un calendario con ciclos Solares.

A la muerte de Julio Cesar (44 a.C) se le dedicó en su honor el mes Quintilis que pasó a llamarse Iulius. después del año 8 a.C el senado decretó, en honor al primer emperador Octavio Augustos sustituir el nombre del mes Sextilis con Augustus, y para que no sea considerado simbolicamente menor que su tío abuelo, Julio Cesar, se incorporó un día más a Augustus para hacerlo de 31 días quitándoselo a Febrero, así dicho mes quedo de 28 y respectivamente 29 días y se cambio la alternancia de meses de 30 y 31 días de duración prácticamente obteniendo el calendario actual.

Así se llegó de un calendario Lunar coherente con los ciclos naturales a un calendario Solar donde los ciclos no tienen relación directa con la percepción del hombre. 

La última modificación se como sabemos fue la reforma Gregoriana, que consistió en la observación de algunos astrónomos que observaron que en la secular aplicación del calendario Juliano se habían adelantado unos pocos días, en lo especifico 10 días al ciclo natural del año y al equinoccio de primavera, obteniendo una diferencia entre 365 días y un quarto (6 horas) contra 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos, requiriendo un retraso de 10 días para restablecer el computo ya medido por medios mecánicos. 

En conclusión la medida del tiempo y la imposición de un tiempo regular que sea por así decirlo automático e independiente de la constante observación de los ciclos naturales es el resultado final de este proceso de definición del calendario/calendas actual, la implantación de un estigma/sigilo de deuda y la elevación del Sol a figura central, deificado de forma subliminal y omnipotente base del computo/medida del tiempo que está completamente disociado de la percepción directa del hombre. Estos sistema de medida no permite sincronizarse con los ciclos naturales que lo afectan más directamente como las variaciones de elevación de las aguas externas e internas y ciclo de inicio y resolución, “nacimiento y muerte” constante observable y perceptible de los ciclos lunares para favorecer un equilibrio psicofísico y organico. Es actualmente nuestro deber reconsiderar estos aspectos y comenzar un proceso individual de reconocimiento, reconexión y sanción de nuestros bioritmos naturales, para recuperar una coherencia interna y volver a sincronizarnos con la naturaleza, y poder aplicar realmente la Ley Natural en todos sus aspectos.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. mar

    Excelente.
    En las plantas y en su recolección lo podemos observar.
    Gracias!!!

  2. Susne

    ¡Muy bueno!
    Es increíble que sigamos viviendo conforme a una estructura del tiempo creada durante el imperio romano, arbitraria y anti natura. Gracias por este estudio

  3. Paola

    Gracias Alejandro por tu estudio. Y como para aportar; los Mayas tenian 17 calendarios que usaban al mismo tiempo ! creo que esa es una pista importante del porque vivian muy adelantados .
    Tambien propongo investigar a los mas antiguos , ir mas allá de los griegos y de los romanos que dictan aun nuestras vidas con muchos de sus preceptos e “inventos” que han quedado obsoletos anque probado erróneos.
    Creo de fundamental importancia recabar informacion de los vedas que conocian muy bien los ciclos siderales que se ajustaban mucho mejor en sus metodos y observaciones respetando la naturaleza. Creo fervientemente en que debemos retomar su camino el cual se ha desviado y tergiversado por otros pueblos.

  4. martin

    muchas gracias por esta información

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